"I have refused your application for a visit because I'm not satisfied that you meet the requirements"... Y así es como comienza nuestra historia, o al menos esta parte del camino.
Cuando Lamyer y yo llevábamos unos meses en Chile, recuerdo esa noche en la que estaba trabajando de camarera en un evento y, mientras limpiaba el vómito de algún borracho cuyo estómago no soportó más de 3 piscolas, la GRAN pregunta volvió a aparecer en mi cabeza: ¿Qué quiero hacer con mi vida? ¿Aquí es donde quiero estar? Desatando la crisis existencial número 35689416.
Pobre pela', si supiera lo que la vida le tenía preparado unos meses más adelante. Pero esa historia es para otro momento.
Anyway, ese día fue cuando supe que no quería hacer mi vida en ese lado del charco.
Nuestra primera opción era irnos con mi hermana a Londres. Solo había que solicitar la visa (los venezolanos la necesitamos) y, ¡oh, sorpresa!, nos la negaron. Aunque soy de olvidar muy fácil, aún se me hace un nudo en el estómago al leer esas primeras líneas: "I have refused your application…"
¿Por qué a nosotros? Creo que es lo primero que uno se pregunta cuando algo no sale como planeas. Pero es que cada rechazo, fracaso o cosa que sale mal se siente tan personal, como si Dios, o quien sea que está allá arriba, tuviera una fijación con hacernos sufrir.
Así que recurrimos a la opción número 2: irnos a Tenerife con mi tío y su familia, donde vivimos unos meses de locura (aunque si le preguntas a Lamyer, créeme que los adjetivos que él usaría para describirlos no serían para nada aptos para todo público).
Y aquí viene la duda que me acompaña hasta hoy: ¿todo pasa por algo? A veces elijo creer que sí, pero otras veces estoy convencida de que más bien debemos hacer algo con las cosas que pasan. No hablo del positivismo tóxico de que la vida es bella y todo es hermoso, en absoluto. A veces todo está tan jodido que lo único que ves es mierda… Hablo de que si la vida me está tirando mierda, puedo seguir recibiéndola sin hacer nada o simplemente moverme y esquivarla.
Bueno, sigo. Durante nuestro tiempo en Tenerife, uno de los ángeles que nos enviaron fue Susana, una amiga de mi mami (y nuestra) cuya madre era del Hierro. Nos contó que se iba a ir para allá a abrir una tiendita y nos habló de todas las posibilidades que ofrecía la isla.
Era tiempo de pandemia, no teníamos trabajo y los ahorros estaban casi a cero. Tomamos la decisión de acompañarla en la aventura. En una semana empacamos 3 años de vida en Tenerife, alquilamos un furgón y navegamos hacia una nueva etapa.
29 de noviembre del 2020, 9 p. m., Sabinosa. Allí comenzó todo.
